El drama y la solidaridad

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Un bombero lleva en brazos un niño superviviente del desastre

El desastre televisado ocurrido en Haití ha abierto multitud de iniciativas solidarias, compasión, donaciones, envío de ayuda, envío de militares, así como dramáticas historias copando telediarios durante varias semanas. La magnitud del desastre ha abierto una brecha emocional en cada uno de nosotros a través de las duras imágenes que recibíamos, provocando una reacción inmediata a tal catástrofe aportando fondos y recursos para socorrer a las víctimas y paliar los efectos del desastre. Una brecha sentimental en nuestro corazón ha suscitado una compasión por un país que la mayoría no sabían situar en el mapa, otros tantos que pocas veces habían oído hablar de él y les era indiferente, y unos pocos que sabían que pertenecía a la triste lista de los países más pobres del mundo.

La indiferencia anterior ha dado paso, por medio de la crueldad de la naturaleza y el morbo de los medios de comunicación, a una actitud positiva de preocupación, una actitud humanitaria de apoyo y solidaridad. No obstante, la causa de que el terremoto haya sido de tal alcance ha sido la falta de preocupación de gran parte de los gobiernos en un país empobrecido, deforestado, un país olvidado. Olvidado y perjudicado por las grandes potencias, pero también olvidado y desconocido por la mayoría de nosotros, del mundo. Ha sido necesario un terremoto de 7 grados para que abriésemos los ojos y nos diésemos cuenta de su (in)existencia. Las imágenes de bandas callejeras saqueando, en un absurdo propósito de los medios por recrear lo más macabro de una situación y evitar las muestras de solidaridad entre la población haitiana, nos han aturdido y escandalizado. ¿Por qué deberíamos preocuparnos de un país al que hemos ignorado e incluso perjudicado directa o indirectamente durante décadas? ¿Por qué no seguir con nuestra indiferencia?

Los telemaratones han recaudado miles de euros de ciudadanos conmocionados por el suceso, de manera similar al tsunami de hace varios años. ¿Quién recuerda hoy en día a dicha población? ¿Han mejorado su situación? ¿Ha servido de algo la ayuda brindada? ¿Adónde ha ido el dinero que doné? ¿Han salido para adelante y han creado un sistema de previsión de maremotos, o simplemente supongo que no deben de estar tan mal si no salen en la televisión? ¿Dónde está la solidaridad con ese pueblo malherido?

Las emociones fuertes, igual que vienen se van, y somos capaces de olvidar con gran velocidad ante la cantidad de vivencias y experiencias que se suceden en nuestra vida. Con Haití, igual que con la gripe porcina (A), pasará lo mismo, dejará de salir en los telediarios (excepto en los resúmenes a final de año) la sociedad lo olvidará, y las muestras de solidaridad se habrán convertido en algo tan fugaz como la compasión in-ducida por la televisión. Corremos el peligro de que tan sólo queden en el país las ONGs serias o empresas que quieran sacar partido, cayendo de nuevo en el olvido y la indiferencia. Si no mejoran su situación, otro terremoto de su activa falla les volverá a golpear, y la naturaleza se cebará de nuevo con las estructuras más débiles de la frágil sociedad.
Y es que el problema en Haití no es el terremoto, sino el olvido, la injusticia, la opresión económica, la explotación. Por eso, es importante la solidaridad estable, los proyectos a largo plazo, y no las donaciones emocionales fluctuantes, que tan rápido como vienen (y no se pueden gestionar en tanta cantidad y tan poco tiempo, como se ha visto), se van. La caridad circunstancial es el cubo de una gotera que no deja de sangrar. La solidaridad real pasa por atacar las causas, reparar los problemas y cooperar (con cooperantes, y no militares) en la construcción de nuevas estructuras más equitativas social y políticamente. Pasa por una voluntad firme de querer cambiar las injusticias en el mundo, de las que formamos parte en una larga cadena muchas veces desconocida. Solidaridad, ahora y siempre, para mejorar la realidad, por convicciones, para poder llevar una tarea realmente positiva y cooperativa, y no convertirse en meros parches temporales y autocomplacernos con nuestra bondad y generosidad para dejar la conciencia tranquila.

La reacción del mundo entero, aunque ha llegado tarde (tras décadas de degrada-ción y un terremoto), ha sido positiva. Pero sólo si se mantiene en el tiempo cobrará su verdadero valor. Sólo si cada uno de nosotros tomamos conciencia de sus problemas estructurales, y los gobiernos se esfuerzan por apoyar su cambio personal sin injerencias políticas y económicas interesadas, Haití podrá renacer de sus cenizas. Si no, volverá caer en la misma espiral en la que estaba sumido. Y para evitar eso, debemos ser solidarios con Haití, pero ahora y siempre; no hay que olvidarlo. No como pasó con Sumatra y el tsunami. Aprovechemos el impulso del terremoto, que nos ha despertado de nuestro sopor solidario, para contribuir a su mejora luchando contra las injusticias que generan las tremendas desigualdades entre ricos y pobres, siendo conscientes y estando informados de sus problemas, denunciando desde aquí y apoyando allí la solidaridad y cooperación seria y coherente, más allá de las pasajeras emociones y actitudes caritativas puntuales, que son pan para hoy y hambre para mañana.

Fernando Hueso
Voluntario de Maná
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3 comentarios to “El drama y la solidaridad”

  1. MartaZ Says:

    Totalmente de acuerdo contigo Fernando…ojalá este impulso sirva para algo…ojalá todos nos concienciemos un poquito más de que hay gente que muere de hambre a diario…ojalá no sólo ayudemos cuando haya una catástrofe y nos enteremos porque sale en la tele…en esa tele en la que nunca hablan de esos paises, pero sí lo hacen cuando hay algo morboso que contar…

  2. Marta R Says:

    Algo parecido pasa cada final de año con las campañas de navidad. Recogida de alimentos y ropa. Pero, ¿es que acaso sólo hay necesidades en esos 15 días? ¿es que el vecino que tienes enfrente, el del barrio, el de tu pueblo o el de cualquier otro como pueda ser Haiti deja de pasar necesidad porque dejen de ser anunciados en cualquier tipo de campaña?
    Las necesidades están en cualquier lado y a cualquier hora del día (por desgracia), ya sea allí o aquí; ayer, hoy o mañana.

  3. Boletín Solidario “Réplica”, Marzo 2010 « Maná por un Mundo Justo y Solidario Says:

    […] Esa es la base de un artículo escrito por uno de nuestros voluntarios que, bajo el título de “El drama y la solidaridad“, reflexiona sobre lo peligroso de una solidaridad vacía que se mueva por la moda del […]

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