Réplica nº1 (Noviembre 2002)

EDITORIAL

Existe una decepcionante pero, por fortuna, pequeña corriente de pensamiento occidental cuyo posicionamiento inmovilista respecto a la injusticia social a nivel planetario se basa en la pesimista afirmación de que “no podemos aspirar a cambiar el mundo”, lo cual nos lleva a cierto conformismo vital: como no podemos aspirar a cambiar el mundo, al menos voy a ayudar a los que está peor que yo (paternalismo), aunque yo no sea el culpable de su situación (ignorancia). Pero este pensamiento está cargado de falacias, de engaños y de trucos, porque ayudar no es poner parches a una situación insostenible e injusta, la pobreza, sino tratar de erradicar el problema, para lo cual estamos obligados a conocer las raíces del mismo. Además, ¡el mundo sí puede cambiar! O, mejor dicho, podemos cambiarlo. Pero, para ello, debemos informarnos y formarnos, como primer paso. Sólo como primer paso, pues, como alguien dijo, “no desparecerán los marginados hasta que no desaparezcan los marginantes”.
En esta publicación, que editaremos cada tres meses y distribuiremos de forma gratuita, Maná quiere volcar todos sus anhelos y esperanzas de un mundo más justo y solidario, como reza nuestro lema; asimismo, denunciaremos ese injusto sistema imperante a nivel mundial que aboca a la mayoría de personas a la miseria y la pobreza. Y occidente se lava las manos. Y occidente se tapa los ojos. Y occidente se aprovecha, mientras sigue mandando “limosnas” a los más pobres. Ante esta gran desinformación e hipocresía no podemos ni queremos guardar un silencio cómplice y, al igual que otros muchos, replicamos.

Ojos que no ven, Europa que prospera (Opinión)

Loudes Regalado

Éste es un artículo dedicado a la pobreza, esa que en estos días va ganando “adeptos” en el mal llamado Tercer Mundo y “defensores” en el Primero. El contingente de africanos empobrecidos y de masas populares asiáticas subyugadas avanza hacia el abismo ante los ojos “caritativos” de algunos europeos y varios estadounidenses.
Sin embargo, hay un dato que parece pasar desapercibido, quizá por descuido no intencionado, quizá por conocida incomodidad: solamente en la Unión Europea hay más de 57 millones de personas que ni alcanzan el umbral de la pobreza. Pues sí, esos que llamamos sin techo, o marginados, o vagabundos, o mendigos, o todo a la vez, en realidad son algo más que terminología. El filtro de la cercanía es el mejor en estos casos.
Hace poco a las puertas del Ayuntamiento de Sevilla un nutrido grupo de estudiantes, profesores y otros funcionarios se manifestaban enérgicamente contra la L.O.U. A pocos metros, a lo largo de las céntricas calles de Tetuán o Sierpes, otras personas, en este caso indigentes, molestaban -o cuanto menos pasaban desapercibidas- a los manifestantes o paseantes, todo por ejercer el, por extendido no menos miserable, oficio de la mendicidad.
Europa somos nosotros, pero se prefier enturbiar este conocimiento de los real, a fin de que todo parezca más oscuro, más lejano. Miseria, marginación, pobreza, xenofobia, drogadicción, desempleo, prostitución, maltrato, e incluso hambre se nos oculta tras una ceguera conveniente a nuestras conciencias.
De nada sirve el artículo 15 de la Constitución que empieza diciendo: “Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que puedan ser sometidos a tortura, ni a penas o tratos inhumanos o degradantes”; o el comienzo del 16: “Se garantiza la libertad…” De nada sirven. Porque ni se entienden ni se cumplen. También podríamos recurrir a la Declaración Universal de los Derechos Humanos para darnos cuenta del incumplimiento de sus artículos en muchos países. “Todos los seres humanos, por el mero hecho de serlos, son iguales en dignidad.”
Lo sabemos, pero de nada sirve. Si no, que le pregunten a cualquier empobrecido del mundo: de aquí y de allá.
Porque de cada céntimo que tiramos a un vagabundo se lleva comisión nuestra conciencia. Porque es más cómodo ser ciego y porque ojos que no ven… problema que no existe y Europa que prospera.

Entrevista a José Chamizo

José Manuel Mudarra y José Antonio Rodríguez

Don José Chamizo no necesita presentación. Todos conocemos la labor que lleva a cabo como defensor del prueblo andaluz. Réplica pudo hablar con él sobre temas relacionados con la solidaridad y los derechos humanos, con los valores basados en la justicia social. Le agradecemos que dedicara parte de su tiempo a compartir con nosotros su experiencia y conocimientos.
Réplica: La Declaración Universal de los Derechos Humanos no se respeta en casi ningún lugar del mundo. ¿Es un problema político o de valores humanos?
Sr. Chamizo: Los documentos se firman pero no se siguen. Es escandaloso el dato que daba la ONU de que ciento cincuenta millones de niños en el mudno están mal nutridos. Es un escándalo y una vergüenza para nuestro tiempo. No hay una decisión política firme de los países desarrollados para erradicar el hambre del mundo. Cuando se erradique el hambre tendremos un derecho, el derecho humano a la vida, igual que otros derechos. Estamos llegando a un callejón sin salida, porque como no se respetan los derechos humanos se da prácticamente un clima de violencia. Debemos exigir que se cumplan, porque no es posible que una parte del mundo tenga unos argumentos y en la otra no se pueda comer.
R: Pensamos que con el tema de la inmigración se cae en la insolidaridad y el doble lenguaje. ¿Qué piensa al respecto?
CH: Este tema se nos ha ido de las manos. Hablamos continuamente de acogida y de invertir en los países de origen, pero luego o se hace nada, sino que dejamos crecer situaciones y problemas que no conducen a ningún sitio. Hay que tener un discurso más claro. Por supuesto, yo creo en el derecho humano a emigrar, pero habrá que ir racionalizando la inmigración. Es muy importante invertir en los países de origen, pero de verdad, buscando los medios para ello. También resulta hipócrita acallar el hecho de que nosotros necesitamos a los emigrantes para mantener nuestro estado de bienestar. Hay mucha falta de información sobre la inmigración. Los inmigrantes no vienen a quitarnos el trabajo.
R: ¿Cree que los españoles somos racistas y xenófobos?
CH: No, pero cada día nos cuesta más aceptar a otras personas. No somos racistas, pero vamos camino de poder serlo, y muchas veces por desinformación. Si no espabilamos, dentro de poco lo seremos, porque a la gente ya no le da miedo decir que nos quitan el trabajo y después se pasa a querer que se vayan.
R: ¿Y de la famosa inversión en los países de origen qué?
CH: Hay que buscar las vías para que estos países puedan desarrollarse, ya sea por medio de empresas, ONGs, etc. Por supuesto con un control internacional para evitar la explotación de empresas, la corrupción de los gobernantes que se quedan con el dinero, y todas estas cosas. Pero hay que invertir en estos países para que la gente pueda vivir, pues nadie quiere salir de su país.
R: Todo el mundo habla de la globalización, pero ¿qué es y que piensa del Movimiento Antiglobalización?
CH: Básicamente, es un sistema capitalista mediante el cual se puede invertir en cualquier parte del mundo. Se puede invertir en un país como Taiwan, con una mano de obra muy barata, y después vender el producto al mil por mil del coste original. Los capitales van y vienen, pero van y vienen conforme a ellos les interesa. Esto está creando una gran diferenciación social y los antiglobalizadores plantean globalizar no sólo la economía, no sólo el dinero y los capitales, sino que hay que globalizar la dignidad humana y, a partir de ella, crear una lógica de mercardo que genere riqueza en todos los países; no explotación en unos y en otros riqueza. Los antiglobalizadores persiguen una mayor justicia social en todo el mundo. En este sentido, soy antiglobalización, porque una parte del mundo se muere de hambre y en la otra se malgasta el dinero. El mundo debe caminar hacia la igualdad y la justicia.

LITERATURA SOLIDARIA : Marcos y Moses

Carmen Posadas

Marcos nació en una familia de siete hermanos. Su madre tuvo un parto difícil, pero gracias a la ayuda médica nació sin ninguna tara. Mosés también tiene siete hermanos. Durante el embarazo, su madre tuvo problemas y él nació con un pulmón oprimido que ahora le impide respirar con facilidad. Moses nació ayudado por su tía y su abuela, expertas ganaderas.
Marcos disfruta de una alimentación sana y equilibrada. Come verduras, carne, pescado, hierro, fósforo, hidratos de carbono…
A Moses se le cayeron los dientes debido a la desnutrición.
La comida preferida de Marcos es el pollo, y el jamón serrano. Moses no los ha probado nunca, pero seguro que le gustaría.
Marcos tiene un abrigo de cuadros para los días de frío. Moses tiene más suerte, porque en su país casi nunca hace frío y no necesita llevar ropa. Es una suerte doble, porque aunque la necesitara tampoco la tendría.
Marcos sale de su casa para ir a jugar al parque y dar un paseo. Moses siempre está fuera de casa.
Marcos no conoce a su padre y no sabe dónde está. Moses tampoco lo conoce, pero sabe que murió en la guerra, aunque no contra quien luchaba.
Marcos no irá nunca al colegio ni aprenderá a leer. Moses tampoco.
La esperanza de vida de Marcos es de unos 20 años. La de Moses es mayor, pero quizá no llegue a cumplir los 20.
Marcos es un setter irlandés. Moses, un niño africano.



				
			

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: