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El agua no potable causa al año más muertes que cualquier forma de violencia

22 marzo 2010

Impactante imagen de una campaña de Unicef alertando sobre los riesgos de la falta de acceso a agua potable

Con motivo del Día Mundial del Agua, El Mundo publica un interesante reportaje que muestra una sorprendente realidad: la falta de acceso a agua potable provoca más muertes en el mundo que las guerras y las demás formas de violencia. Un problema que afecta a 884 millones de personas en el mundo, y que mata cada 15 segundos a un niño en nuestro planeta.

Para dar cuenta sobre su importancia, en 1993 la ONU instauró el Día Mundial del Agua, que se celebra cada año el 22 de marzo. Este año, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), quiere destacar la importancia del acceso a un agua de calidad, focalizando sus esfuerzos en concienciar a ciudadanos, pero sobre todo a gobiernos y centros de poder para que se comprometan activamente en la defensa del agua de calidad mediante la lucha contra la contaminación, el reciclaje de aguas y la recuperación de recursos hídricos.

El mundo cuenta con el conocimiento teórico para superar estos desafíos y convertirnos en mejores gestores de nuestros recursos hídricos. El agua es cardinal para todos nuestros objetivos de desarrollo“, afirmó el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, en su mensaje oficial con motivo del Día del Agua.

En total, se estima que en todo el mundo sigue habiendo 884 millones de personas sin acceso al agua potable, según datos de la ONU, un bien fundamental que repercute en la sanidad, la seguridad y la calidad de vida, especialmente de menores y mujeres. Por ejemplo, las enfermedades que se propagan por el agua causan cada año la muerte a más de 1,5 millones de niños o, lo que es lo mismo, cada 15 segundos muere un niño por una enfermedad causada por la falta de acceso a agua segura para beber, el saneamiento deficiente o la falta de higiene.

Los problemas del agua entienden también de geografía y, una vez más, es el África subsahariana la región en la que sus habitantes sufren las peores consecuencias. Además, el acceso al agua aparece claramente vinculado a la riqueza, ya que el 20 por ciento más rico de la población subsahariana tiene el doble de posibilidades de acceder a agua potable que el 20 por ciento más pobre y cinco veces más opciones de contar con condiciones de salubridad aceptables.

Cada año, la contaminación del agua priva a la Humanidad de recursos alimentarios, tanto de pesca como agrícolas, y facilita la difusión de enfermedades. Además, perjudica gravemente a ecosistemas clave, y agrava las condiciones de sociedades y economías de todo el planeta, una circunstancia catalizada por el incremento de la población mundial y los efectos del cambio climático.

Durante los últimos 50 años, la actividad humana ha provocado la contaminación sin precedentes de los recursos hídricos. Se estima que más de 2.500 millones de personas en el mundo viven sin un sistema adecuado de saneamiento. Cada día, 2 millones de toneladas de aguas residuales y otros efluentes son vertidos sin control alguno. El problema es más grave en los países en desarrollo, en los que más del 90% de los desechos sin procesar y el 70% de los desechos industriales sin tratar se vierten en aguas superficiales.

Muchos de los contaminantes del agua tienen efectos perjudiciales a largo plazo sobre la calidad del agua, lo cual constituye un riesgo para la salud de las personas. En consecuencia, el agua dulce disponible se reduce de forma importante. Asimismo, la capacidad de los ecosistemas para proporcionar servicios se ve disminuida drásticamente, a veces con efectos irreversibles. En consecuencia, el medio ambiente se degrada por la disminución de la productividad de la biomasa, la pérdida de la diversidad biológica y la vulnerabilidad ante otros factores.

Las repercusiones del cambio climático, como las inundaciones y sequías frecuentes o prolongadas, y el crecimiento del número de fuentes de contaminación vienen a añadirse a los retos confrontados por la calidad del agua. El crecimiento demográfico y los cambios en las pautas de producción y consumo han conllevado el incremento de los procesos industriales, la minería, la agricultura y la urbanización, lo cual ha provocado el vertido de metales pesados, elementos radiactivos, toxinas orgánicas y productos farmacéuticos desechados.

Por ejemplo, las sequías prolongadas, especialmente en ecosistemas frágiles como las regiones áridas y semiáridas, disminuyen la capacidad de los ecosistemas para diluir el agua contaminada y mantener el equilibrio de las funciones naturales. En las zonas costeras, ecosistemas como los manglares, los lechos de algas, y los arrecifes de coral están desapareciendo a una velocidad alarmante a causa de la contaminación del agua. Los ecosistemas afectados no pueden hacer frente al estrés adicional generado por el cambio climático. En consecuencia, su capacidad para servir de criaderos y viveros, protectores contra tormentas y sumideros azules de carbono resulta aún más disminuida.

En algunas regiones, más del 50% de las especies ictiológicas de agua dulce nativas se encuentran en peligro de extinción, y está previsto que las repercusiones del cambio climático compliquen aún más la situación.
En Maná seguimos trabajando con la ilusión de que algún día estas cifras sólo sean un mal recuerdo del pasado. Por eso actualmente estamos llevando a cabo el Proyecto “Sed de Agua”, que busca construir un pozo de agua potable en la aldea nigeriana de Ikot Ekpene. Sabemos que sólo es un minúsculo paso de los muchos que se tienen que dar para reducir a cero la cifra de víctimas mortales por falta de acceso a agua potable, pero estamos seguros que juntos podemos conseguirlo. Puedes colaborar con nosotros haciéndote socio de nuestra organización o simplemente difundiendo esta información y dando ejemplo con tus acciones para hacer de este un mundo más justo y solidario.

“En África tenemos agua, pero el acceso a estos recursos es muy limitado”

5 marzo 2010

Nigeriana de nacimiento, Gloria Peter lleva casi 25 años viviendo en Sevilla, donde ejerce su labor de periodista. Colabora con varios programas radiofónicos de solidaridad, y su labor ha sido reconocida con numerosos premios. Además, es la presidenta de la asociación Mujeres Entre Mundos, con la que actualmente colabora Maná en su proyecto “Sed de Agua”.

Gloria Peter, presidenta de la asociación "Mujeres Entre Mundos"

-¿Qué es lo que más echas de menos de Nigeria?
Pues, todo. La playa, mi familia, mis amigos de infancia, el mar… Todo. Y la fruta, la comida… Todo, todo se echa de menos.

-¿Y cómo está actualmente la situación allí?
La situación allí es crítica, porque allí se nota mucho la diferencia de los grupos, entre ricos y pobres, y la gente que vive en la zona rural son los que más sufren esta diferencia, porque no tienen medios para sacar sus cultivos a la ciudad. Además, la mayoría de las personas que viven en zonas rurales carecen de medios básicos como luz o agua corriente. Es por eso que en estas zonas es donde más se nota esa desigualdad. Por otra parte, actualmente la situación se ha complicado con el tema del petróleo. Hay muchos maleantes que quieren apoderarse de los suministros de petróleo y de los recursos del país y son ellos los causantes de los problemas. Han llegado a quemar la administración del gobierno, y están molestando a la población.

-Actualmente vuestra asociación está llevando a cabo el proyecto “El Agua es Vida”, con la construcción de un pozo de agua potable en la aldea nigeriana de Ikot Ekpene, ¿es el acceso a agua potable el mayor problema de África?
Yo creo que sí, sin duda. Y mira que tenemos agua, porque llueve y mucho, y tenemos mar, pero el acceso a estos recursos es muy limitado, la gente no la puede consumir. Para una persona el agua lo es todo, porque sin ella, ¿cómo te duchas, cómo guisas, cómo lavas? Y eso afecta sobre todo a la gente que vive en zonas rurales, que no tiene facilidad, que tiene que acudir a ríos a por agua. La gente de Ikot Ekpene tiene que hacer caminos de más de 40 minutos ida y vuelta, y eso atrasa sobre todo a los niños, que no pueden ir al colegio, y a las mujeres, que tienen doble trabajo, que tienen que ir al río y después cocinar, y no les facilita el desempeño de sus labores, como las de cultivo.

-¿Por qué se eligió la aldea de Ikot Ekpene para este proyecto?
Porque Ikot Ekpene es una zona rural, en donde la gente allí tiene muchísimos problemas de agua. Por eso elegimos ese pueblo. La gente la mayoría trabaja en el campo, sin acceso a la sanidad ni a casi nada, teniendo que viajar a la ciudad para cosas básicas como ver al médico.

-Tenéis ahora también un proyecto de voluntariado en Nigeria, ¿cómo va el proceso de selección?
Hay muchísima gente interesada. Yo no me esperaba tantas solicitudes como tenemos ahora. Es un proyecto para jóvenes, inmigrantes de 16 a 30 años y españoles de 18 a 30, residentes en Andalucía, y hemos recibido llamadas de gente de 35 años, hasta de 67… Sobre todo, muchas personas jubiladas llamando interesándose, queriendo participar en el programa. Eso quiere decir que el proyecto va para adelante, que en breve empezaremos con el proceso de selección y de formación, que está fijado para Abril, para que en Junio ya podamos enviar a los voluntarios allí.