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El dictador Obiang, el amigo de España

26 junio 2010

Obiang abraza a Moratinos en la última visita oficial del Ministro de Asuntos Exteriores a Guinea Ecuatorial

¿ASÍ SON LAS COSAS?

El apoyo español no salvó a Obiang. El apoyo moral expresado por el Gobierno español a Teodoro Obiang Nguema para que el Premio Internacional de Investigación en las Ciencias de la Vida que otorgará la Unesco lleve su nombre no ha servido para mucho. El Comité Ejecutivo de ese organismo, reunido en París, ha acordado aplazar hasta octubre la decisión sobre la oferta del presidente de Guinea Ecuatorial de que el galardón lleve su nombre, a cambio de un fondo de tres millones de dólares para dotar al premio con 300.000 anuales.

La directora general de la Unesco, Irina Bokova, optó por el retraso, para tratar de buscar una salida y no tener que afrontar ahora un voto en contra del Comité Ejecutivo, en el que había mayoría de Estados, que consideraban que el proyecto supondría un desprestigio para el organismo de Naciones Unidas. Países como Estados Unidos o Francia se encontraban en esa línea, apoyada por una treintena de organizaciones en favor de los derechos humanos, que acusan a Obiang de cruel y corrupto y reclaman que el dinero sea empleado en mejorar la educación y otras necesidades básicas del pueblo guineano.

España, que forma parte del Comité Ejecutivo, sin embargo, había manifestado a Obiang, a través de cauces diplomáticos, que no se opondría a la concesión de su nombre al Premio. (…) (ABC, 17/06/10)

NOSOTROS LAS VEMOS ASÍ

Si ya de por sí es indignante que un organismo como las Naciones Unidas aceptara siquiera la posibilidad de otorgar un premio internacional con el nombre de un dictador, mucho más es que nuestro propio gobierno apoyara al dictador en contra de la opinión de ONGs y asociaciones pro Derechos Humanos. Es inconcebible que un gobierno democrático como el nuestro, al que se le llena la boca con palabras como solidaridad o alianza de civilizaciones, apoye a un dictador como Obiang, que lleva más de 30 años rigiendo los destinos de Guinea Ecuatorial y lucrándose con el petróleo mientras el 77% de la población de ese país vive por debajo del umbral de la pobreza.

No es el primer guiño que le hace España a este dictador. No olvidemos que el propio rey Juan Carlos mantiene una buena relación con Obiang, que realizó sus estudios militares en nuestro país cuando aún era colonia española. Más recientes son las visitas del Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, a Guinea Ecuatorial, en un intento por demostrar a la opinión pública la progresiva democracia de este país (algo que quedó en entredicho unos meses después con las polémicas elecciones), o las acusaciones de diferentes asociaciones del blanqueo de dinero que realiza el dictador ecuatoguineano en las Islas Canarias, ante la indiferencia del gobierno español. (Más información al respecto, aquí)

Ya hablamos un poco en este blog sobre la forma de gobernar de Obiang cuando ganó las últimas elecciones en su país, en un proceso poco transparente al que no tuvieron acceso ni periodistas ni observadores de la UE. Entonces, las ONGs ya criticaron la falta de democracia en el país africano, ante la impasibilidad de las Naciones Unidas y de muchos gobiernos occidentales. Quizá amparado por esa supuesta impunidad, Obiang ha ido más allá ofreciendo un dinero, que debería gastarse en el desarrollo de su pueblo, en financiar un premio internacional que ayude a limpiar su imagen. Y tiene guasa que para ello se haya valido de la UNESCO, que no olvidemos que es una organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura, tres pilares fundamentales que Obiang le niega al pueblo ecuatoguineano.

Hablamos de todo esto después de que la UNESCO haya cedido a la presión internacional y decidido aplazar la decisión. Es decir, que ni siquiera ha sido capaz de votar en contra y ha preferido ganar tiempo, quizá esperando que se calmen los ánimos, y que en Octubre pueda aceptar la petición del dictador, que pase lo que pase seguirá viviendo en la abundancia mientras su pueblo se muere de hambre.

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Se prolonga la dictadura en Guinea Ecuatorial

1 diciembre 2009

Obiang en la última visita a nuestro país, en noviembre de 2006, cuando fue recibido por el Presidente del Gobierno y por el líder de la oposición

El pasado fin de semana se celebraron en Guinea Ecuatorial unas polémicas elecciones presidenciales en las que ganó, con un abrumador 97%  de los votos, Teodoro Obiang, el mismo que lleva en el poder 30 años. Obiang accedió a ese cargo el 3 de Agosto de 1979, con un golpe de estado en el que derrocó y ejecutó a su tío, el también dictador Francisco Macías. Entonces, Obiang, declarado nuevo Presidente del país, declaró que acabaría con la política represiva de su predecesor, la cual costó la vida a aproximadamente el 10% de la población del país. En cambio, la realidad en estos 30 años ha sido muy distinta.

Guinea Ecuatorial es a día de hoy una de las economías de mayor crecimiento de África, gracias al descubrimiento de yacimientos de petróleo y gas a mediados de los noventa. Ya es el tercer productor, con 350.000 barriles diarios,  del África subsahariana. China y EE.UU. son sus principales clientes y las empresas explotadoras de estos recursos son mayoritariamente estadounidenses. La escalada en estos últimos años ha sido espectacular: en 1993, los ingresos procedentes del oro negro eran de tres millones de dólares; hoy rozan los 5.000. Pero estos datos contrastan con la realidad que vive el ciudadano de a pie. Según un estudio de Human Rights Watch (HRW) cerca del 77% de la población de Guinea vive por debajo del umbral de la pobreza. La conclusión es clara: los petrodólares no han mejorado la vida de la población, que ve cómo se construyen carreteras y hoteles pero sigue habiendo pobreza y falta de servicios básicos como la sanidad. HRW denuncia que, pese a que el PIB guineano es similar al de Italia o España, los niveles de pobreza son peores que en Chad o Afganistán.

La solución a esta paradoja la encontramos en las playas californianas de Malibú, donde vive en una lujosa mansión Teodorín, el hijo mayor de Obiang. Pese a su sueldo de unos 3.000 euros mensuales como ministro de Agricultura, vive como una estrella de Hollywood: del 2006 al 2008 gastó por valor de 30 millones de euros en casas y coches de lujo, casi una tercera parte del gasto del Gobierno en salud, educación y vivienda. El dictador es uno de los diez líderes más ricos del mundo, según Forbes, con una fortuna de 700 millones de euros.

Las elecciones del pasado fin de semana han sido sólo un acto más de esta farsa. Obiang obtuvo el 97% de los votos (curiosamente la misma cifra que él mismo vaticinaba semanas antes) en unas elecciones tachadas de fraude por la oposición y diversas organizaciones internacionales. De hecho, el Gobierno guineano prohibió la entrada a observadores electorales de la UE y periodistas, que no pudieron legitimar la victoria de Obiang, que estará siete años más en el poder en el que es el segundo mandato más longevo después del de Gadafi. Reporteros sin Fronteras ha denunciado una campaña electoral “falseada” con omnipresencia de Obiang en los medios guineanos y la ausencia de los demás partidos. Transparency International lanzó dardos con los números: en su índice de transparencia del 2009, el país obtiene sólo un 1,8 sobre 10.

La oposición, Convergencia para la Democracia Social (CPDS) y Unión Popular (UP), transita del hastío por la ausencia de cambios a la indignación y la denuncia. El partido de Plácido Micó, CPDS, denunció provocaciones y actos de violencia sobre sus militantes durante la campaña. Desde España, el vicepresidente del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial en el exilio, Armengol Engonga, denunciaba que “hablar de elecciones es un insulto a la inteligencia. Es sólo un trámite para perpetuar a Obiang en el poder y que su familia y amigos sigan desvalijando el país“. Marife Castro, investigadora sobre Guinea para Amnistía Internacional, sentenciaba: “Sí, hay menos casos de torturas, pero no han habido cambios estructurales. Si hay menos detenciones es porque prácticamente no queda oposición que detener“.