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“En África tenemos agua, pero el acceso a estos recursos es muy limitado”

5 marzo 2010

Nigeriana de nacimiento, Gloria Peter lleva casi 25 años viviendo en Sevilla, donde ejerce su labor de periodista. Colabora con varios programas radiofónicos de solidaridad, y su labor ha sido reconocida con numerosos premios. Además, es la presidenta de la asociación Mujeres Entre Mundos, con la que actualmente colabora Maná en su proyecto “Sed de Agua”.

Gloria Peter, presidenta de la asociación "Mujeres Entre Mundos"

-¿Qué es lo que más echas de menos de Nigeria?
Pues, todo. La playa, mi familia, mis amigos de infancia, el mar… Todo. Y la fruta, la comida… Todo, todo se echa de menos.

-¿Y cómo está actualmente la situación allí?
La situación allí es crítica, porque allí se nota mucho la diferencia de los grupos, entre ricos y pobres, y la gente que vive en la zona rural son los que más sufren esta diferencia, porque no tienen medios para sacar sus cultivos a la ciudad. Además, la mayoría de las personas que viven en zonas rurales carecen de medios básicos como luz o agua corriente. Es por eso que en estas zonas es donde más se nota esa desigualdad. Por otra parte, actualmente la situación se ha complicado con el tema del petróleo. Hay muchos maleantes que quieren apoderarse de los suministros de petróleo y de los recursos del país y son ellos los causantes de los problemas. Han llegado a quemar la administración del gobierno, y están molestando a la población.

-Actualmente vuestra asociación está llevando a cabo el proyecto “El Agua es Vida”, con la construcción de un pozo de agua potable en la aldea nigeriana de Ikot Ekpene, ¿es el acceso a agua potable el mayor problema de África?
Yo creo que sí, sin duda. Y mira que tenemos agua, porque llueve y mucho, y tenemos mar, pero el acceso a estos recursos es muy limitado, la gente no la puede consumir. Para una persona el agua lo es todo, porque sin ella, ¿cómo te duchas, cómo guisas, cómo lavas? Y eso afecta sobre todo a la gente que vive en zonas rurales, que no tiene facilidad, que tiene que acudir a ríos a por agua. La gente de Ikot Ekpene tiene que hacer caminos de más de 40 minutos ida y vuelta, y eso atrasa sobre todo a los niños, que no pueden ir al colegio, y a las mujeres, que tienen doble trabajo, que tienen que ir al río y después cocinar, y no les facilita el desempeño de sus labores, como las de cultivo.

-¿Por qué se eligió la aldea de Ikot Ekpene para este proyecto?
Porque Ikot Ekpene es una zona rural, en donde la gente allí tiene muchísimos problemas de agua. Por eso elegimos ese pueblo. La gente la mayoría trabaja en el campo, sin acceso a la sanidad ni a casi nada, teniendo que viajar a la ciudad para cosas básicas como ver al médico.

-Tenéis ahora también un proyecto de voluntariado en Nigeria, ¿cómo va el proceso de selección?
Hay muchísima gente interesada. Yo no me esperaba tantas solicitudes como tenemos ahora. Es un proyecto para jóvenes, inmigrantes de 16 a 30 años y españoles de 18 a 30, residentes en Andalucía, y hemos recibido llamadas de gente de 35 años, hasta de 67… Sobre todo, muchas personas jubiladas llamando interesándose, queriendo participar en el programa. Eso quiere decir que el proyecto va para adelante, que en breve empezaremos con el proceso de selección y de formación, que está fijado para Abril, para que en Junio ya podamos enviar a los voluntarios allí.

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“Para mejorar el futuro lo único que hace falta es que la gente cambie el chip”

31 octubre 2009

El próximo 8 de enero cumplirá 25 años trabajando con niños de barrios marginales sevillanos, como El Vacie, Torreblanca o las Tres Mil viviendas. Sus armas: un balón de fútbol y toneladas de ilusión. Se llama Jorge Morillo y hace unos años ya tuvimos el placer de conocerle y escuchar su experiencia en un Campo de Trabajo organizado por Maná. En las pasadas Jornadas de Voluntariado de la Universidad tuvimos la fortuna de volver a encontrarnos con él y no quisimos desaprovechar la oportunidad de charlar un rato. Esto fue lo que nos contó.

Jorge Morillo

Jorge Morillo, educador social, sosteniendo un simbólico balón con la forma del globo terráqueo

-¿Qué te hizo embarcarte en esta aventura solidaria?
Lo primero fue el tener conciencia a través de que mi madre lleva enferma más de 50 años, y ya sea por educación, por solidaridad o porque en este caso era mi madre, pues lógicamente siempre he tenido una conciencia diferente a los demás por haberla visto siempre enferma y ella habernos educado de una forma diferente. Después, es verdad que hace 25 años tomé una conciencia directa concretamente con el tema que llevo desarrollando todos estos años con niños marginados, pero el epicentro o la raíz lógicamente está en mi familia.

-¿Por qué elegiste el fútbol como herramienta para educar?
Lo elegí sencillamente porque conocía el mundo del fútbol, había estado en los escalafones inferiores del Betis, después estuve jugando y ya con 23 años, cuando vi que ya no tenía oportunidad, más que dejarlo tomé otros caminos. Pero elegí el fútbol simplemente porque era lo que más me gustaba. Podía haber elegido atletismo u otra cosa, da igual la herramienta, pero escogí el fútbol porque es en lo que me siento más cómodo y más identificado.

-El 8 de Enero cumplirás 25 años con este proyecto de “Educar en la calle a través del fútbol”, un proyecto que te ha dado muchas alegrías pero también has vivido alguna época de bache, ¿no?
Uf, concretamente recuerdo un bache grave que fue hace 4 ó 5 años en el que estuve a punto de cerrar esta historia, porque sentía que era una pérdida de tiempo, que yo ya había terminado lo que había hecho, que había logrado estar 20 años… pero a los dos meses, en una charla coloquio en Cartagena me preguntaron desde el público que cómo veía el futuro, y eso me hizo replantearme seriamente cómo sería el futuro y decidí reabrir el proyecto, prometiéndome a mi mismo nunca más abandonarlo. Más que creerme imprescindible, me siento una persona necesaria. Eso me lo ha demostrado todo el trabajo realizado y el ver todo el trabajo que me queda por hacer. Tomé conciencia de todo el aporte que podía ofrecer a los niños y a la sociedad en general.

-¿Cuál es la recompensa a este trabajo?
Sentirme útil y ver que al menos algunos de los niños consiguen tener más oportunidades en la vida y salir de esa miseria. Hace unos cinco años me paró un hombre por la calle. Tenía 26 años, de profesión cochero de caballos, padre de dos hijos; aunque yo no lo recordaba, él me dijo que vive en las Tres Mil viviendas y que cuando era pequeño jugaba conmigo al fútbol, y que gracias a ello, él y otros son hoy en día personas integradas y con una vida digna.

-Para terminar, nosotros te volvemos a repetir esa pregunta que te hizo recapacitar, ¿cómo ves el futuro?
Yo siempre he pecado de ser un hombre, más que optimista, esperanzador. Y siento que todo lo que queda por hacer se hará. Lo único que uno tiene que poner es el alma, el corazón, las manos, lo que uno tenga. Para mejorar el futuro lo único que hace falta es que la gente cambie el chip. Sí que es verdad que últimamente nos está ganando, quizá por goleada, la insolidaridad o el egoísmo, pero yo pienso que en cualquier momento el ser humano tomará conciencia y cambiará su forma de ser y que en un futuro cercano no necesitaremos contar el número de voluntarios, sino que todas las personas serán voluntarias por naturaleza.

Si quieres conocer más sobre Jorge Morillo y su labor, puedes visitar su web o ver el interesante documental “El fútbol como excusa” sobre su trabajo en alguno de esos barrios marginales (Parte I, parte II y parte III del documental)