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Reacciones de protesta en todo el mundo contra la suspensión del juez Garzón

15 mayo 2010

Las manifestaciones de apoyo al juez Garzón le han acompañado desde que se iniciara su proceso judicial

La decisión del Consejo General de Poder Judicial de suspender al juez Garzón por un presunto delito de prevaricación ha provocado reacciones de protesta en todo el mundo. ONGs y prensa internacional consideran una injusticia la suspensión cautelar de un juez que ha destacado por su lucha contra las dictaduras en España y Latinoamérica y contra el terrorismo.

La organización pro derechos humanos Human Rights Watch ha sido una de las muchas organizaciones que han lamentado la suspensión cautelar del juez Baltasar Garzón, al que califican como responsable de que España se convirtiera “en un símbolo de justicia para las víctimas de todo el mundo”. “Ahora, la justicia misma se ha convertido en una víctima en España”, dice el consejero jurídico de la ONG, Reed Brody, en un comunicado enviado a la prensa. “El juez Garzón ha luchado por hacer justicia para las víctimas de graves atrocidades cometidas en el extranjero y ahora está siendo castigado por intentar hacer lo mismo en su propio país“, asevera Brody. “Los verdaderos crímenes aquí son las desapariciones forzadas y los asesinatos, no el intento del juez Garzón de investigarlos”, concluye el consejero jurídico de Human Rights Watch.

Del mismo modo se ha expresado Amnistía Internacional que considera “insólito que un magistrado pueda ser juzgado por buscar la verdad, la justicia y la reparación para más de 100.000 personas desaparecidas durante la Guerra Civil española y la posterior dictadura franquista.” Igualmente critican que se haya invocado la Ley de Amnistía de 1977 para perseguir al único juez que ha intentado dar respuesta a víctimas de desaparición forzada y sus familias. “Las leyes de Amnistía en un país no pueden entrar en contradicción con las normas internacionales de derechos humanos, y éstas dicen claramente que el crimen de desaparición forzada no es amnistiable, es imprescriptible, y que entorpecer su investigación es un delito”, dice la organización en una nota de prensa.

En nuestro país, las asociaciones de la memoria histórica también han calificado de “escándalo” la decisión del CPGJ. Para Emilio Silva, presidente de la Asociación Nacional para la Recuperación de la Memoria Histórica, el CPGJ está más “preocupado por la imagen del Supremo que por hacer justicia”, y señaló que su asociación seguirá “luchando” por la reparación de las víctimas del franquismo, porque “no es comprensible que, con 113.000 desaparecidos, estos delitos no puedan juzgarse”.

Para José María Pedreño, de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, la suspensión de Garzón pone en evidencia el “bajo perfil democrático del Estado español” y supone una “llamada de atención” para cualquier juez que piense en seguir con su investigación. “Esto muestra que cualquiera que hable o se meta o investigue el franquismo será perseguido“, añadió.

Por su parte, la prensa internacional también ha tratado con incredulidad e indignación esta noticia. “Una injusticia en España”, así de contundente se mostró este sábado The New York Times en su editorial. “A Garzón debería permitírsele regresar cuanto antes a su trabajo. España necesita una explicación honesta sobre su turbulento pasado, no la persecución de aquellos que tienen el coraje para demandarla”, defiende el rotativo neoyorquino. Y no es el único que ha salido en defensa del juez Garzón. El británico The Guardian informa de que el “juez de Pinochet” ha sido apartado temporalmente de la judicatura en lo que “parece un persecución por motivos políticos”. Garzón también ha recibido el apoyo de otros grandes de la comunicación mundial, que lo califican como “El juez de las cruzadas” (Times) o el “superjuez” (Le Figaro).

Lo que está claro es que Garzón cuenta con el apoyo de gran parte de la opinión pública internacional y de numerosas asociaciones pro derechos humanos, que ya están preparando más manifestaciones de apoyo al juez.

El drama y la solidaridad

25 febrero 2010

Un bombero lleva en brazos un niño superviviente del desastre

El desastre televisado ocurrido en Haití ha abierto multitud de iniciativas solidarias, compasión, donaciones, envío de ayuda, envío de militares, así como dramáticas historias copando telediarios durante varias semanas. La magnitud del desastre ha abierto una brecha emocional en cada uno de nosotros a través de las duras imágenes que recibíamos, provocando una reacción inmediata a tal catástrofe aportando fondos y recursos para socorrer a las víctimas y paliar los efectos del desastre. Una brecha sentimental en nuestro corazón ha suscitado una compasión por un país que la mayoría no sabían situar en el mapa, otros tantos que pocas veces habían oído hablar de él y les era indiferente, y unos pocos que sabían que pertenecía a la triste lista de los países más pobres del mundo.

La indiferencia anterior ha dado paso, por medio de la crueldad de la naturaleza y el morbo de los medios de comunicación, a una actitud positiva de preocupación, una actitud humanitaria de apoyo y solidaridad. No obstante, la causa de que el terremoto haya sido de tal alcance ha sido la falta de preocupación de gran parte de los gobiernos en un país empobrecido, deforestado, un país olvidado. Olvidado y perjudicado por las grandes potencias, pero también olvidado y desconocido por la mayoría de nosotros, del mundo. Ha sido necesario un terremoto de 7 grados para que abriésemos los ojos y nos diésemos cuenta de su (in)existencia. Las imágenes de bandas callejeras saqueando, en un absurdo propósito de los medios por recrear lo más macabro de una situación y evitar las muestras de solidaridad entre la población haitiana, nos han aturdido y escandalizado. ¿Por qué deberíamos preocuparnos de un país al que hemos ignorado e incluso perjudicado directa o indirectamente durante décadas? ¿Por qué no seguir con nuestra indiferencia?

Los telemaratones han recaudado miles de euros de ciudadanos conmocionados por el suceso, de manera similar al tsunami de hace varios años. ¿Quién recuerda hoy en día a dicha población? ¿Han mejorado su situación? ¿Ha servido de algo la ayuda brindada? ¿Adónde ha ido el dinero que doné? ¿Han salido para adelante y han creado un sistema de previsión de maremotos, o simplemente supongo que no deben de estar tan mal si no salen en la televisión? ¿Dónde está la solidaridad con ese pueblo malherido?

Las emociones fuertes, igual que vienen se van, y somos capaces de olvidar con gran velocidad ante la cantidad de vivencias y experiencias que se suceden en nuestra vida. Con Haití, igual que con la gripe porcina (A), pasará lo mismo, dejará de salir en los telediarios (excepto en los resúmenes a final de año) la sociedad lo olvidará, y las muestras de solidaridad se habrán convertido en algo tan fugaz como la compasión in-ducida por la televisión. Corremos el peligro de que tan sólo queden en el país las ONGs serias o empresas que quieran sacar partido, cayendo de nuevo en el olvido y la indiferencia. Si no mejoran su situación, otro terremoto de su activa falla les volverá a golpear, y la naturaleza se cebará de nuevo con las estructuras más débiles de la frágil sociedad.
Y es que el problema en Haití no es el terremoto, sino el olvido, la injusticia, la opresión económica, la explotación. Por eso, es importante la solidaridad estable, los proyectos a largo plazo, y no las donaciones emocionales fluctuantes, que tan rápido como vienen (y no se pueden gestionar en tanta cantidad y tan poco tiempo, como se ha visto), se van. La caridad circunstancial es el cubo de una gotera que no deja de sangrar. La solidaridad real pasa por atacar las causas, reparar los problemas y cooperar (con cooperantes, y no militares) en la construcción de nuevas estructuras más equitativas social y políticamente. Pasa por una voluntad firme de querer cambiar las injusticias en el mundo, de las que formamos parte en una larga cadena muchas veces desconocida. Solidaridad, ahora y siempre, para mejorar la realidad, por convicciones, para poder llevar una tarea realmente positiva y cooperativa, y no convertirse en meros parches temporales y autocomplacernos con nuestra bondad y generosidad para dejar la conciencia tranquila.

La reacción del mundo entero, aunque ha llegado tarde (tras décadas de degrada-ción y un terremoto), ha sido positiva. Pero sólo si se mantiene en el tiempo cobrará su verdadero valor. Sólo si cada uno de nosotros tomamos conciencia de sus problemas estructurales, y los gobiernos se esfuerzan por apoyar su cambio personal sin injerencias políticas y económicas interesadas, Haití podrá renacer de sus cenizas. Si no, volverá caer en la misma espiral en la que estaba sumido. Y para evitar eso, debemos ser solidarios con Haití, pero ahora y siempre; no hay que olvidarlo. No como pasó con Sumatra y el tsunami. Aprovechemos el impulso del terremoto, que nos ha despertado de nuestro sopor solidario, para contribuir a su mejora luchando contra las injusticias que generan las tremendas desigualdades entre ricos y pobres, siendo conscientes y estando informados de sus problemas, denunciando desde aquí y apoyando allí la solidaridad y cooperación seria y coherente, más allá de las pasajeras emociones y actitudes caritativas puntuales, que son pan para hoy y hambre para mañana.

Fernando Hueso
Voluntario de Maná