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Los rabinos controlan cada vez más el Ejército israelí

26 mayo 2010

Un soldado israelí reza antes de atacar en Gaza

“En los check point coges a un palestino al azar y le das una paliza, de cada quince o veinte que pasan, para que el resto tenga miedo. Solo así, tú, con cuatro soldados más, los dominas a ellos que son miles. (…) Si encuentras un paquete sospechoso, llamas al primer mohamed que encuentras en la calle y le dices que lo abra”. Estas espeluznantes confesiones las realizó en el año 2006 Yehuda Shaul, ex jefe de una unidad del Ejército israelí en Hebrón. Lo hizo poco después de fundar una ONG, Breaking the Silence, con la que pretendía mostrar a la sociedad hebrea las órdenes que recibían los soldados del ejército. Serían las primeras voces que alertaban de la radicalización del Ejército llevada a cabo por el sionismo religioso.

Han pasado 4 años desde entonces, y en las Fuerzas Armadas de Israel cada vez es más patente el dominio de los rabinos extremistas. En 1990, el año antes de que comenzase el proceso de paz entre Tel Aviv y sus vecinos, un 2% de los cadetes que se alistaban en la escuela de oficiales eran religiosos; hacia 2007 la cifra había ascendido al 30%. Según la organización Israelí Peace Now, el numero de sionistas religiosos no deja de crecer, de forma que “más del 50% de las unidades de combate de élite proceden ahora del sector nacionalista religioso de la sociedad”. Este desproporcionado aumento de militares religiosos está cambiando el modo de ver de los soldados respecto a la ocupación y los asentamientos ilegales.

La postura de estos rabinos queda reflejada en las declaraciones que Avichai Rontzki, el Rabino Jefe del Ejército, realizó en 2009. “En tiempo de guerra, quien no luche con todo su corazón y su alma estará condenado como también lo estará si mantiene su espada alejada de la sangre o si muestra misericordia hacia su enemigo cuando no se debe mostrar misericordia”, dijo Rontzki en una charla a los estudiantes de un programa pre-militar. El rabino advirtió a los futuros soldados que todo aquel que “muestre misericordia” hacia el enemigo estaría “maldito”, además de justificar la Operación Plomo Fundido en Gaza (considerada por las ONGs como un crimen de guerra) poniéndola como ejemplo de “cómo se debe luchar”.

El mayor problema reside en que los rabinos que hay en el ejército, que se incluyeron en un principio para vigilar que se cumplieran las estrictas normas religiosas en cuanto a comida y hábitos y para que los soldados que quisieran pudiesen asistir a actos religiosos, cada vez tienen más poder en las decisiones militares. Se gradúan en las escuelas de oficiales y operan a la sombra de los mandos. Una de sus tareas principales es la de elevar la moral de los soldados, motivarlos y conducir sus acciones, incluso en el frente.

Su influencia creció visiblemente durante la invasión de Gaza en la Navidad de 2009. Gal Einav, un soldado agnóstico entrevistado por la BBC, contó tras la ofensiva que, al penetrar en Gaza, su compañía estaba flanqueada por un rabino civil y otro militar. “Me sentí como en una guerra religiosa, como en una cruzada. Era inquietante. El Ejército debería estar completamente separado de la religión”, opinó. Los rabinos también distribuían cientos de panfletos religiosos con el sello oficial del Tzahal en los que comparaban a los palestinos con los filisteos, el odiado enemigo bíblico de los judíos.

Muchos de los soldados que les escuchan viven en las colonias de Cisjordania. Algunos en los asentamientos considerados “ilegales”, que el Cuarteto (EEUU, Rusia, la UE y la ONU) insiste en desmantelar y que el propio Gobierno israelí califica como “ilícitos” según sus propios parámetros, y el número de militares que se mudan a estos puestos de avanzada tampoco deja de aumentar. La mayoría de estos colonos sionistas consideran que ocupar Cisjordania, para ellos Judea y Samaria, y el resto de la “tierra de Israel”, que incluye los territorios conquistados en la guerra de 1967, es un deber religioso. Como en ningún otro lugar del mundo, en Israel, la sociedad y el Ejército, que ha librado seis guerras por la supervivencia en los últimos 60 años, son una unidad. Pero los rabinos nacionalistas están logrando que ‘la palabra de Dios’, tal y como ellos la entienden, tenga preferencia al liderazgo secular.

Fuente: El Confidencial

La situación en Palestina sigue empeorando

13 enero 2010

Impactante imagen de un ataque israelí a un colegio dentro de la Operación Plomo Fundido

El año nuevo comienza igual que acabó el anterior en la región de Palestina. Incluso la situación ha empeorado. Canalsolidario.org se hace eco del informe de Médicos sin Fronteras sobre las consecuencias humanitarias y económicas en la franja de Gaza tras la última ofensiva israelí. El 4 de enero se cumplió un año de la Operación Plomo Fundido, una ofensiva del ejercito israelí por tierra y aire que asoló la Franja de Gaza durante dos semanas de continuos ataques y bombardeos. El ataque, defendido por el gobierno de Israel como una respuesta a misiles lanzados por Hamas, dejó más de 1.330 muertes de civiles palestinos, 5 israelíes, miles de heridos y la destrucción de muchos de los recursos económicos de la ciudad de Gaza.

Un año después, Médicos sin Fronteras denuncia que la situación ha empeorado. Ya no sólo por el ataque, sino porque el posterior bloqueo de suministros como el eléctrico o el de carburante hace mucho más difícil la reconstrucción de la ciudad. El caso más grave es el de los hospitales, la mayoría de los cuales han sido destruidos en los dos últimos años, dejando sin atención médica a los más de 5.000 heridos que dejó la ofensiva. El embargo, además, imposibilita que lleguen correctamente los medicamentos y el material quirúrgico.

Por otra parte, la ONG habla sobre el impacto psicológico que ha tenido el conflicto sobre la población de Gaza, siendo los niños los más afectados. Además, según psicólogos de Médicos sin Fronteras, muchos palestinos, al perder la sensación de seguridad, pierden el componente del bienestar psicológico general, algo que puede generar consecuencias a largo plazo. Según la OMS, entre 20.000 y 50.000 personas seguirán sufriendo problemas mentales a largo plazo como consecuencia de la ofensiva.

Y si hablamos de la situación económica de la zona, el resultado tampoco es muy alentador. Tras los ataques muchas pequeñas empresas se vieron afectadas e interrumpieron su producción. Según Naciones Unidas, el coste de esta destrucción es de aproximadamente 139 millones de dólares americanos. Por otra parte, según Médicos sin Fronteras, actualmente en Gaza hay 140.000 parados, es decir, un 50% de su población frente al 32% que había en 2007, una cifra que se sitúa entre las más altas del mundo.

Esta situación conduce a que muchas familias palestinas subsistan con menos de un dólar al día y dependan de la ayuda humanitaria. Una ayuda que también sufre las restricciones, si durante el 2007 llegaban a Gaza 600 cargamentos diarios, actualmente lo hacen unos 100. Además, la limitación de las zonas de pesca y cultivo provocan importantes oscilaciones en los precios de los productos.

El jefe de misión de la ONG, Jean-Luc anuncia que “es urgente levantar el bloqueo ya que falta de todo, incluyendo libros y lápices. Los hospitales y las escuelas no tienen ventanas ni techos. Hay que reconstruirlo todo: las casas, las estructuras de salud, las infraestructuras públicas… Y sólo así la población podrá rehacerse física y psicológicamente”.

Y lo peor es que el gobierno israelí no parece dispuesto a dar marcha atrás. Europapress informaba recientemente el derribo de las viviendas de unos 150 palestinos levantadas en las inmediaciones de la localidad Cisjordania de Tana. Alegando que se trataba de construcciones ilegales, el Ejército israelí desalojó y derribó estas viviendas ya que se encontraban en terrenos de entrenamiento militar y su construcción “ponía en peligro la vida de los presentes”, según el portavoz israelí Lee Hiromoto. Algo que contrasta con lo que dice el portavoz palestino, Atef Hanini, que explicó que se trataba de una comunidad agraria que vivía desde hace décadas en esta zona al este de Nablús.

Entre los edificios derribados había viviendas, pero también establos e incluso un colegio.

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) ha informado de que en 2009 fueron derribadas un total de 180 edificios propiedad de palestinos en la conocida como Zona C, en la que Israel ejerce el control militar y civil absoluto y que constituye algo más del 60 por ciento de Cisjordania, lo que dejó sin hogar a 319 palestinos, 167 de ellos menores de edad.

Como se ve, la situación en Palestina sigue empeorando ante la indiferencia y la complicidad del resto de gobiernos occidentales.