Posts Tagged ‘solidaridad’

Actuable, solidaridad con un solo clic

22 septiembre 2010

Actuable busca unir a miles de personas que pidan a gobiernos y empresas que actúen para cambiar el mundo

El auge de las nuevas tecnologías ha provocado un cambio descomunal en el mundo del voluntariado. Además de la labor de difusión que ofrecen blogs como este, tratando de informar de problemas e iniciativas que antes era difícil que llegarán al gran público, Internet también ofrece la posibilidad de actuar y unirse a campañas solidarias con un solo clic de ratón. En esa idea se apoya Actuable, una página web de reciente lanzamiento que busca unir personas y organizaciones con ganas de transformar el mundo en una comunidad on line que les permite expresar su opinión a los políticos, empresas e instituciones.

Una vez registrado, Actuable te ofrece la oportunidad de apoyar peticiones de organizaciones, recogiendo tu firma y enviándosela al organismo correspondiente. Este envío puede ser instantáneo, si la medida apoyada requiere una solución inmediata, o esperar a tener un número considerable de firmas antes de enviarlo. Actuable también te ofrece la posibilidad de crear tu propia petición y así encontrar gente afín que comparta tus inquietudes.

Su director, Francisco Polo, explica su funcionamiento: “una persona o una organización describe una situación que quiere cambiar, redacta una carta e introduce el correo electrónico del destinatario ante el que se quiere protestar. La novedad es que tras redactar la petición la comunidad de usuarios se encarga de firmarla masivamente, dando a conocer públicamente la injusticia denunciada.”

Según los propios creadores, Actuable es una herramienta que “permite ejercer la presión necesaria para provocar los avances que necesitamos. Queremos sacar todo el potencial a las nuevas tecnologías para provocar cambios positivos que realmente mejoren la vida de las personas.”

Aunque acaba de nacer, Actuable ya tiene varias campañas en marcha. Las más apoyadas a día de hoy es una para que las visitas del Papa no sean pagadas con dinero público, otra que trata de impedir la construcción de un macroproyecto hotelero en la playa de El Palmar y una que pide al Gobierno español que proteja la neutralidad de Internet.

Pásate por su web y actúa para que tu voz sea escuchada.

Hannah Taylor, la niña que lucha contra la pobreza

6 julio 2010

Hannah Taylor con una de las huchas en forma de mariquita con la que lucha por un mundo mejor

Hannah Taylor es una niña de 12 años que vive en Winnipeg, Canadá. Cuando tenía cinco años, vio a un indigente comiendo de un contenedor y empezó a preguntarse por qué había gente que vivía así. Hannah no podía entender cómo era posible que hubiera personas sin comida y sin casa, algo que nunca le pudo contestar su madre, que le sugirió que si tanto le preocupaba ese tema quizá ella podría hacer algo por esas personas.

Al día siguiente, Hannah llegó a clase y le contó a sus compañeros el problema de los indigentes. Entre todos decidieron realizar pequeñas obras de cerámica y pasteles que fueron vendiendo para recaudar fondos para un refugio de indigentes, al tiempo que recogían ropa para ayudarles. Este pequeño gesto se convirtió en una bola de nieve que fue creciendo sin parar. Al año siguiente, con 6 años, Hannah fundaba la Ladybug Foundation (Fundación Mariquita) una organización dedicada a terminar con este fenómeno y que debe su nombre a las huchas con formaba de mariquita que Hannah y sus compañeros realizaron para recaudar dinero. Desde entonces, la Fundación ha conseguido recaudar más de 2 millones de dólares.

“Lo que espero en lo profundo de mi corazón, es que todos vean a los indigentes como personas”, dice Hannah Taylor. “Ellos son iguales a ti y a mí, sólo que han caído en malos tiempos…” Por ello, la Fundación Mariquita trata de elevar la conciencia y recaudar fondos para beneficiar a los indigentes. La componen enteramente voluntarios que han sido inspirados por la amorosa visión de Hannah para que todas las personas tengan derecho a un hogar cálido y seguro.

Durante estos años, Hannah se ha reunido con el Presidente de Canadá y con varios hombres de negocio para conseguir fondos para su Fundación. Además, ha recibido varios premios, incluyendo el Premio Brick 2007, el cual es presentado a personas con una edad inferior a 25 años que han hecho una contribución significativa a las vidas de los demás. En 2007, Hannah también era la persona más joven que alguna vez fuera premiada con el Premio de las 100 Mujeres Más Poderosas de Canadá. Además, ha recibido una invitación para trabajar durante los próximos siete años con el Premio Mundial de los Niños por los Derechos del Niño.

Pero no todo han sido buenas noticias. Hannah recordaba con dolor uno de sus peores momentos desde que decidió crear la Fundación. Fue “cuando dos de mis amigos murieron por no tener un techo. Encontraron a uno de mis amigos, Patches, a la orilla del río; se había ahogado. Tenía exámenes y no pude ir a su funeral. El otro, se heló hasta la muerte porque no pudo encontrar un sitio donde dormir. Éstas son las cosas mas tristes y más duras“.

Pese a ello, Hannah sigue trabajando incansable para terminar con este problema. Cuando la fundación logre su objetivo las personas se tratarán unas a otras como si fueran de la misma familia, los sintecho tendrán hogares y no tendrán que seguir comiendo de cubos de basura. “Si en tu corazón hay algo en lo que crees y lo intentas con todas tus fuerzas, puedes ayudar a que nuestro mundo sea mejor sin importar la edad que tengas“, defiende Hannah Taylor, el claro ejemplo de que un mundo mejor es posible. Lo único que hace falta es ilusión y ganas de cambiar las injusticias que nos rodean.

El drama y la solidaridad

25 febrero 2010

Un bombero lleva en brazos un niño superviviente del desastre

El desastre televisado ocurrido en Haití ha abierto multitud de iniciativas solidarias, compasión, donaciones, envío de ayuda, envío de militares, así como dramáticas historias copando telediarios durante varias semanas. La magnitud del desastre ha abierto una brecha emocional en cada uno de nosotros a través de las duras imágenes que recibíamos, provocando una reacción inmediata a tal catástrofe aportando fondos y recursos para socorrer a las víctimas y paliar los efectos del desastre. Una brecha sentimental en nuestro corazón ha suscitado una compasión por un país que la mayoría no sabían situar en el mapa, otros tantos que pocas veces habían oído hablar de él y les era indiferente, y unos pocos que sabían que pertenecía a la triste lista de los países más pobres del mundo.

La indiferencia anterior ha dado paso, por medio de la crueldad de la naturaleza y el morbo de los medios de comunicación, a una actitud positiva de preocupación, una actitud humanitaria de apoyo y solidaridad. No obstante, la causa de que el terremoto haya sido de tal alcance ha sido la falta de preocupación de gran parte de los gobiernos en un país empobrecido, deforestado, un país olvidado. Olvidado y perjudicado por las grandes potencias, pero también olvidado y desconocido por la mayoría de nosotros, del mundo. Ha sido necesario un terremoto de 7 grados para que abriésemos los ojos y nos diésemos cuenta de su (in)existencia. Las imágenes de bandas callejeras saqueando, en un absurdo propósito de los medios por recrear lo más macabro de una situación y evitar las muestras de solidaridad entre la población haitiana, nos han aturdido y escandalizado. ¿Por qué deberíamos preocuparnos de un país al que hemos ignorado e incluso perjudicado directa o indirectamente durante décadas? ¿Por qué no seguir con nuestra indiferencia?

Los telemaratones han recaudado miles de euros de ciudadanos conmocionados por el suceso, de manera similar al tsunami de hace varios años. ¿Quién recuerda hoy en día a dicha población? ¿Han mejorado su situación? ¿Ha servido de algo la ayuda brindada? ¿Adónde ha ido el dinero que doné? ¿Han salido para adelante y han creado un sistema de previsión de maremotos, o simplemente supongo que no deben de estar tan mal si no salen en la televisión? ¿Dónde está la solidaridad con ese pueblo malherido?

Las emociones fuertes, igual que vienen se van, y somos capaces de olvidar con gran velocidad ante la cantidad de vivencias y experiencias que se suceden en nuestra vida. Con Haití, igual que con la gripe porcina (A), pasará lo mismo, dejará de salir en los telediarios (excepto en los resúmenes a final de año) la sociedad lo olvidará, y las muestras de solidaridad se habrán convertido en algo tan fugaz como la compasión in-ducida por la televisión. Corremos el peligro de que tan sólo queden en el país las ONGs serias o empresas que quieran sacar partido, cayendo de nuevo en el olvido y la indiferencia. Si no mejoran su situación, otro terremoto de su activa falla les volverá a golpear, y la naturaleza se cebará de nuevo con las estructuras más débiles de la frágil sociedad.
Y es que el problema en Haití no es el terremoto, sino el olvido, la injusticia, la opresión económica, la explotación. Por eso, es importante la solidaridad estable, los proyectos a largo plazo, y no las donaciones emocionales fluctuantes, que tan rápido como vienen (y no se pueden gestionar en tanta cantidad y tan poco tiempo, como se ha visto), se van. La caridad circunstancial es el cubo de una gotera que no deja de sangrar. La solidaridad real pasa por atacar las causas, reparar los problemas y cooperar (con cooperantes, y no militares) en la construcción de nuevas estructuras más equitativas social y políticamente. Pasa por una voluntad firme de querer cambiar las injusticias en el mundo, de las que formamos parte en una larga cadena muchas veces desconocida. Solidaridad, ahora y siempre, para mejorar la realidad, por convicciones, para poder llevar una tarea realmente positiva y cooperativa, y no convertirse en meros parches temporales y autocomplacernos con nuestra bondad y generosidad para dejar la conciencia tranquila.

La reacción del mundo entero, aunque ha llegado tarde (tras décadas de degrada-ción y un terremoto), ha sido positiva. Pero sólo si se mantiene en el tiempo cobrará su verdadero valor. Sólo si cada uno de nosotros tomamos conciencia de sus problemas estructurales, y los gobiernos se esfuerzan por apoyar su cambio personal sin injerencias políticas y económicas interesadas, Haití podrá renacer de sus cenizas. Si no, volverá caer en la misma espiral en la que estaba sumido. Y para evitar eso, debemos ser solidarios con Haití, pero ahora y siempre; no hay que olvidarlo. No como pasó con Sumatra y el tsunami. Aprovechemos el impulso del terremoto, que nos ha despertado de nuestro sopor solidario, para contribuir a su mejora luchando contra las injusticias que generan las tremendas desigualdades entre ricos y pobres, siendo conscientes y estando informados de sus problemas, denunciando desde aquí y apoyando allí la solidaridad y cooperación seria y coherente, más allá de las pasajeras emociones y actitudes caritativas puntuales, que son pan para hoy y hambre para mañana.

Fernando Hueso
Voluntario de Maná